Adiós a todos

Y se marchó, y a su barco 
le llamó Libertad...
JOSÉ LUIS PERALES

Cómo empezar a sacar la cabeza de debajo de la tierra…// Encima de mí tengo cuatrocientos edificios pétreos, moles de metal que gimen y vibran y aplastan salvajemente mi hueso frontal hasta desintegrarlo en una suerte de papilla gelatinosa junto a mis lóbulos cerebrales. Cómo empezar a sacar la cabeza, desenterrarla de esta maraña ingente de hierros oxidados y respirar el oxígeno puro de los olivos, de los laureles y de las viñas nuevas. Es imposible seguir soportando el peso nauseabundo de los asteroides sobre mis enclenques vértebras cervicales. Es imposible rasgar la tela ocre de los atardeceres que jamás cesaron. Es imposible escupir en el río sin que todos los peces mueran por ello. Es imposible no sentirse tan fracasado como una cría de gorrión, aún sin plumas, que se cayó del nido un día después de nacer, que nunca aprendió a volar y que jamás planeará sobre los almendros floridos de la sierra toledana…// Ave desnuda, despojada de toda ropa que el tiempo otorga como reliquia inconfesable, oye los ladridos funestos de este inútil cantor que ahora se refiere a tu muerte ignorada. Ave desnuda, prado abierto de amapolas podridas e insectos trabajosos, mírame desde las nubes blancas que jamás atravesaste, mírame desde los rayos del sol que nunca te acariciaron las alas. Mírame, bendíceme con el silencio ostentoso de la perdición y la inopia, bendíceme, bendíceme… // Todos avanzan excepto yo. Yo no, no. Yo me quedo atrás, secuestrado en la nada.

Estoy volando entre dos ausencias. Entre ellas está la laguna del fracaso multiplicada por dos. Nadie leerá estas líneas. Alguien vendrá, abrirá esta página ridícula y la cerrará, sin más. A nadie le importa lo que un gilipollas tenga que decir, aunque ese gilipollas sienta que lo que hace merece la pena de verdad, que lo que hace renueva de alguna manera toda la poesía que se ha hecho hasta ese momento. Y sobre todo ello, dos ausencias como dos Júpiters sempiternos. Antes este gilipollas tenía, al menos, la presencia dulce de esas personas que se han ido. Ahora la orfandad clava frenéticamente su puñal en mis amígdalas doloridas. Ahora la orfandad es como una alfombra roja sobre la que se pasean cuatro cerdos llenos de estiércol. Ahora la orfandad me tiende su mano llena de clavos para abofetear mi rostro distraído, sin ningún tipo de interés en la sonoridad repetitiva del golpe aunque sí en el dolor y el dolor y el dolor y el dolor y el dolor.

La vida es como una máquina tragaperras: demasiado esfuerzo invertido para perder siempre siempre siempre y nunca jamás ganar… el símbolo por excelencia del fracaso… // Mis antiguos amigos publican en editoriales de prestigio. Mis antiguos amigos, que ya no lo son, se centran en su ego escriturario y están felices de darse a conocer poco a poco, poco a poco. Dicen los tontos de la universidad, a los cuales superé en notas y en matrículas de honor, que son la Generación Reset, y los mencionan como tales xD. Yo no quiero que me metan en esa generación de mierda. YO SOY CHARLES BAUDELAIRE, ¿ME OÍS? YO SOY EL PUTO CHARLES BAUDELAIRE. Además, estos ya no quieren coles conmigo, con este puto fracasado, con este estúpido que no ha sabido vender su poesía cual mercader con incontinencia promocional y varias dosis de hipocresía nepótica. Ya no quieren saber nada de este pipiolo que no sale de su pueblo paleto, que se junta con trabajadores de Joma en un chiringuito; pipiolo cuyos antepasados fueron campesinos y pipiolo que ha abandonado la universidad más por un convencimiento moral que por un exabrupto repentino de incapacidad emocional y psicológica (aunque haya declarado lo contrario). Yo soy Mario Santiago, soy Baudelaire, Rimbaud y Lautréamont. Yo soy Fernando Merlo, Aníbal Núñez y Francisco de la Torre. Yo soy El Ángel, Haro Ibars y muchos otros escritores que fueron vapuleados, ignorados y asesinados por sus compañeros de generación y por los jerarcas que ostentaban los poderes culturales. Me han tirado por la borda del barco poemántico adrede.

Luis G. M. me ha pegado un tiro en la nuca y luego, en el suelo, me ha descerrajado siete tiros de gracia mientras desnudaba mi cuerpo y golpeaba con saña mis geniales muertos hasta deformármelos, hasta que mi aparato reproductor no fuera sino un amasijo invisible de carne, cartílagos y huesos supurantes de sangre y líquidos desconocidos que chisporrotea gotas por el aire como una especie de fuente diminuta y que empapa los pétalos blancos de las flores aledañas. Luis G. M. se ríe de mis cojones deformados, empuña un puñal y me lo clava en las tetas de manera que arranca de cuajo mis dos pezones, saliendo así de repente un chorro repentino de sangre ya rosa. Luis G. M. empieza a pegarme en el cráneo con una maza de acero hasta que mi cabeza se parece a un vómito de mamut recubierto de gelatina roja. Luis G. M. se sigue riendo de mí y penetra los boquetes de cada uno de los balazos con su polla erecta y dura como el granito mientras los nervios de mi cuerpo aún siguen temblando por la violencia extrema del acontecimiento. Cuando Luis G. M. se corre dentro de mis órganos rodeados de moscas y putrefacción, vienen mis antiguos amigos y dicen: Luis G. M., has hecho bien, ¡era un auténtico gilipollas! Así, todos juntitos y felices, se ríen, comparten vino del Parnaso y llaman a las nueve vírgenes del Munrooh, las cuales llegan para descuartizar mi cadáver y tirarlo por encima de la mesa del banquete, cuyo disfrute se deja ver muy voluptuosamente en cada una de las caras viciosas de los comensales. Ahora, tanto Luis G. M. como mis antiguos compañeros empiezan a tirarse cachos de mi carne encima de la mesa en un juego de desperdicio perverso de comida. Todos ríen y les sales espumarajos por la boca de tanto éxtasis obtenido. Los restos de mi cráneos los tiran al cubo de la basura, al igual que los de mis genitales. En este momento estaría bien que apareciese Baudelaire con un subfusil para ametrallarlos, pero no aparece y siguen, siguen, siguen y siguen el ultraje incesante de mi cuerpo sodomizado hasta las heces, ya no pararán nunca y se pasarán así la eternidad entera.

No puedo evitar sentirme así, como un escupitajo a la deriva por el Támesis. No puedo evitar pensar en el fracaso absoluto que me corroe los ganglios y que planta semillas cancerosas en mis testículos. No puedo evitar sentirme apartado, jodido, invisibilidad, amordazado, encarcelado, encerrada, alicatado, alfombrado, amarrado, arrestado, escapado, alado y ulyrajado hasta el máximo. No puedo evitar que en mi cara se note el aullido plomizo de los lobos milenarios. No puedo evitar que encima de mis ojos crezcan nueve lechuzas ciegas. No puedo evitar que mi sangre se pudra como el agua estancada de una alberca centenaria. En mi alberca no nacen renacuajos. Viva Cecilio G, viva todo el que escupe hacia arriba para que su propio gapo le manche el pelo. Viva quien piensa que nada vale para nada, porque todo era nada y nada era todo, y todo y nada andaban juntos en un mar sin olas ni delfines ni corales. Viva quien saca a pasear a su perro y no recoge las ñordas. Viva el que se siente apartado, ofendido y vapuleado por poderes superiores a él que no puede controlar, pero que hacen todo lo posible por verle muerto, acabado, prendido en llamas interminables. Vivan los chavales de la casita, que ayer parecían muy tristes sin ningún motivo… // Yo no subo cosas raras a Instagram, es que vosotros no sabéis leer el relato subyacente de las imágenes y os quedáis en la superficie, como una ballena que se está asfixiando ante la hondura del océano. EL feed de mi Instagram es parte de este blog, de mi obra poética y de mi concepción poética y poiética del mundo. Lo que quiero decir es que no empleo esa red social como una mera red social para la simple interactuación interpersonal, sino como un medio artístico y performático más para complementar y enriquecer todo lo que escribo y plasmo simbólicamente en los textos. Por tanto, no tenéis que caer en el error de creer que todo lo que ahí existe carece de ficcionalidad, pues si lo hacéis estaréis confundiendo el especial grado de verdad que contiene un espacio como ese. Básicamente, pensaréis que mi yo poético se corresponde con mi yo autorial, cuando no es así. Entre ambos, como dirían Jaime Olmedo Ramos y Luján Atienza, existe una intransitividad radical: la delegación autorial se abandona en aras de la construcción ficcional de un hablante lírico o de un protagonista poemático que difiere de la fuente de la que procede, que en este caso soy yo.

Diego, no pasa nada porque te sientas solo. Diego, no pasa nada porque observes los arrecifes desde la otra orilla de la tierra, bajo una losa de hormigón y con un ruido estruendoso de motor de aviones dentro de tus tímpanos tiernos. Diego, no pasa nada porque no consigas aquello que quieres, o porque pierdas a personas que has amado y que amas y que ya jamás volverán. Diego, no pasa nada si ya no vuelves a probar el tacto de la hierba húmeda sobre tus palmas. Diego, no pasa nada si te prohíben comer miel y te obligan a tragar babas de babuino. Diego, no pasa nada si te obligan a asesinar ochocientos gatitos recién nacidos. Diego, no pasa nada si no quieres caminar ya más sobre el barro mojado y decides, de alguna manera, caminar sobre la hiedra bíblica. Diego, no pasa nada si alguien te penetrante la boca con una motosierra en marcha y te saltan todos los dientes como si fuesen miguillas de pan aterrorizadas. Diego, no pasa nada si decides cortarte los dos brazos con una cuchara. Diego, no pasa nada si ingieres aguas fecales. Diego, no pasa nada si te va mal en el trabajo y los muchachos te odian, porque siempre podrás meter tu cabeza en un cuchillo jamonero. Diego, no pasa nada, tú no te preocupes, que todo está bien (: //

Y si me emborracho en Carnaval con whisky Ballantines en honor a la mixtape San Ballantines, de Cecilio G, sí que pasa algo. Y si me voy a oler el aroma de las margaritas, sí que pasa algo. Y si me voy a nadar en mar abierto, sí que pasa algo. Y si me voy a conocer por primera vez la luz del sol, sí que pasa algo. Y si empiezo a creer en el más allá, sí que pasa algo. Y si le doy un beso en la mejilla a una desconocida, sí que pasa algo. Y si quiero encontrar amor incluso por debajo de los termiteros, sí que pasa algo. Y si deseo comerme un mango jugoso, sí que pasa algo. Y si me voy a entrenar una tarde entera al gimnasio, sí que pasa algo. Y si quedo con una amiga y un amigo, sí que pasa algo. Y si leo un poema de Vallejo, sí que pasa algo. Y si me voy de viaje a La Coruña, sí que pasa algo. Y si quiero regalarle una cosa a una persona, sí que pasa algo. Y si un arcoíris me nace de la clavícula, sí que pasa algo. Y si me compro realices para desayunar, sí que pasa algo. Y si me baño en una piscina de billetes, sí que pasa algo. Y si quiero ser reggaetonero y trapero, sí que pasa algo. Y si les hago una tiraera a los poetas, sí que pasa algo. Y si conduzco un Lambo, sí que pasa algo. Y si sí que pasa algo, sí que pasa algo.

¿Por qué me ignoráis? ¿Qué os he hecho yo para que me ignoréis? No lo entiendo. ¿Qué es lo que tengo yo que hacer para que no paséis de mí? ¿Queréis que me prenda la lengua con una garrafa de gasolina, o qué? Si no es así, jamás me haréis ningún tipo de caso, y lo sé. Os creéis que soy una payaso, pero lo que yo escribe vale tanto o más que lo que escribís vosotros, que todo lo que se escribe para ganar cualquier tipo de concurso. Lo único que nos diferencia es la suerte, amigo mío. Tú has nacido con cuatro gladiolos en el culo y yo no. Eso es lo que pasa. Tú has lamido la polla a varia gente y yo no, te pillé. Yo tengo amigos que cotizan a la Seguridad Social y tú tienes amigos que se rascan las bolas en la universidad, ¡uy! (No me refiero a nadie ne concreto ahora mismo, solo a un arquetipo falso que pulula dentro de mi cabeza). Pero sé que os gusta el disparate más que el sosiego, por eso hablo como si tuviera martillos en vez de cuerdas vocales. Pero sé que os evita sexualmente la destrucción, por eso me limito a que un serrucho me desgarre las córneas. En fin, qué os voy a decir, pequeños amigos. ¿Por qué me ignoráis? ¿Por qué ya no tengo besos ni amor? No entiendo por qué, y me suda la polla que vosotros tengáis la respuesta, la verdad. Solo quiero lamentarme y punto, así que absteneros de explicaciones. Me siento un fracasado, así que no vengáis ahora a decirme que no lo soy porque eso solo aumentan mis sensaciones de fracaso. Lo que tenéis que hacer es decir que soy un gilipollas y un inútil, ya está. Pero, ¿por qué me ignoráis, con lo buena persona que soy? Vosotros sabréis. Que os jodan.

D. G. L.

Que nooooooooo, que no me vooooyyy, HOLAAAAA!!! JAJJAJAKAKAKAJAKSJAKKA.

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